Me duele en el Haití, deberíamos responder a la pregunta acerca de por qué los ojos se nos han llenado de oscuridad cuando vemos sin ver (porque es mejor mirar a otro lado) las imágenes de la desolación, la soledad, el desamparo y el infierno.
Me duele la intensidad de la indiferencia colectiva, la impotencia tan impertinente del mundo, la solidaridad de culpa y no de voluntad, la generosa contribución de lo que ya no nos sirve, la donación de pintas de sangre con tomas de televisión para que aplaudamos al líder político local que se sacrifica, la disputa entre Obama y Chávez por ganar el campeonato mundial del buen samaritano.
No sé por qué los reporteros ecuatorianos abordan el avión del Gobierno y van como manada a Puerto Príncipe, muchos de ellos sin conocer previamente la historia de un pueblo heroico que, junto con Quito, fue la luz para la independencia americana.
No sé para qué van los reporteros de TV, seguramente para enviar o traer imágenes en las cuales habrá drama, dolor, llantos, close up de niños hambrientos, notas sobre rescatistas, informes acerca de lo extraordinariamente solidarios que somos los ecuatorianos, pero, sobre todo, tomas en las principalmente se vea, por favor, no se olviden, el logo del canal para jactarnos de que estuvimos allí.
No sé por qué los medios compiten, así como Obama, así como Chávez, por ganar el primer lugar en iniciativas (e influir sobre todos nosotros), en quién es capaz de recolectar más ayuda, en quién es más pilas para contactar con las dadivosas empresas privadas y públicas que desinteresadamente dan su aporte a la causa.
No sé cuánto tiempo nos durará el entusiasmo periodístico para convertir a Haití en la nota de apertura, en el tema de fondo, en la historia lacrimógena, en el sonido ambiental, la música triste para provocar emociones, las imágenes impactantes, los relatos sobre los héroes silenciosos que nunca faltan.
No sé cuál es es límite moral de nuestro trabajo en relación a la tragedia haitiana. ¿Realmente cubrimos y nos preocupamos porque, como diría César Vallejo, “nada de lo humano me es ajeno”? ¿O le damos especial atención porque es un tema que, seguro, “vende”?
Me duele el Haití. Me duele que durante mucho tiempo, años quizás, nunca apareció una mínima nota sobre este país en los medios privados, públicos, burgueses, socialistas, gubermentales…
¿Solamente nos importa cuando ya casi no tiene sentido que nos importe? ¿Haití es solamente historias de dolor y tragedias humanas? ¿No hay alegría, literatura, música, creatividad, inteligencia, folklor, pensamiento, amor, danza, sexo, fútbol, historia, tradiciones? ¿Haití solo existe para que los políticos de turno nos lleven al borde del abismo y desde allí nos hagan mirar Haití en el horizonte como el destino al que no quisiéramos llegar?
Cuando pase el temblor, como diría Soda Estéreo, ¿seguirá Haití en la agenda de los medios? ¿seguiremos pensando en qué podremos hacer para que nuestros hermanos haitianos vivan con dignidad? ¿haremos algo importante por ellos, más allá de enviar latas de atún y pintas de sangre como si fuera nuestro máximo sacrificio? ¿Seremos capaces de entender que Haití está a un paso de nosotros, que Haití somos nosotros, y que si Haití es infeliz por los sucesivos terremotos políticos, ecológicos, económicos, por los terremotos del olvido, nosotros no tendremos derecho a sonreír?
Pionera en la Radiodifusión Manabita - Micrófono de Oro del Ecuador

