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Dr. Rubén Darío Buitrón

Periodista y Escritor Ecuatoriano rubendariobuitron@yahoo.com http://rubendariobuitron.wordpress.com

 

 

 

Facebook corrupto

¿Que el Facebook es una pérdida de tiempo, que es frívolo, que solo sirve para el chisme y que, incluso, viola la intimidad de las personas?

A esos estigmas muy pronto se añadirá otro: el de corrupto. Tan corrupto como la prensa que investiga, que hurga, que no acepta cualquier versión oficial, que no se intimida aunque todo el aparato oficial intente esconder la basura bajo la alfombra.

Tan corrupto como la prensa que con su trabajo es capaz de mostrar las enormes fisuras del poder, el doble discurso de quienes hablan de justicia y las profundas llagas de una supuesta verdad manejada según los intereses de ese poder.

Por eso, no sería raro que pronto seamos testigos de una cadena de televisión en la que Facebook pasará a formar parte de la prensa corrupta que tanto daño hace a la revolución ciudadana, como suele decir el Gobierno.

Será ese tipo de cadenas donde, supuestamente, se dice “la verdad y nada más que la verdad”, aunque nunca se explique, desde la más elemental honestidad, que lo que allí se expresa son, apenas, fragmentos de verdad asumidos desde el punto de vista de un interés específico.

Y probablemente Facebook será llamado corrupto porque desde el jueves 14 de enero, cuando la joven colombiana Natalia Emme murió atropellada en Quito, el Facebook se ha convertido en un extraordinario mecanismo para convocar a los ciudadanos a defender el más elemental derecho: el respeto a la vida.

Omar Palomeque, amigo de Natalia, es el creador de la página web: “Este es un grupo creado para exigir justicia y apoyar a la familia de Natalia Emme, quien falleció atropellada por un vehículo de la Fiscalía”, escribió.

En apenas ocho días, la página ‘Justicia para Natalia Emme Bedoya’ contaba con 15 000 seguidores. Son ciudadanos que no tienen ningún otro interés que exigir la verdad (la verdadera verdad, digamos para no confundirnos) y para exigir justicia (la justicia justa, digamos para que el poder no juegue con los conceptos).

¿La cadena de televisión los llamará  “actores políticos”, “poderes fácticos” o “conspiradores”?

En el caso de Natalia, la prensa responsable y el Facebook han sido decisivos para canalizar las demandas y el dolor de familiares, amigos, testigos y ciudadanos que asumen la urgencia de luchar contra los abusos del poder.

Por eso, nadie se sorprenda si mañana se habla de Facebook corrupto, pero que quede claro que desde el mimeógrafo hasta el Twitter, lo que importa es el contenido y, sobre todo, la ética con la que se maneja el contenido.

Gracias a eso, Natalia y el Facebook convocan masivamente a los ciudadanos a exigir justicia.

Y eso quiere decir que pese al enorme poder de quienes tienen el poder, es imposible amordazar la dignidad.

 

 

 

 

¿Cuánto nos durará Haití?

Me duele en el Haití, deberíamos responder a la pregunta acerca de por qué los ojos se nos han llenado de oscuridad cuando vemos sin ver  (porque es mejor mirar a otro lado) las imágenes de la desolación, la soledad, el desamparo y el infierno.

Me duele la intensidad de la indiferencia colectiva, la impotencia tan impertinente del mundo, la solidaridad de culpa y no de voluntad, la generosa contribución de lo que ya no nos sirve, la donación de pintas de sangre con tomas de televisión para que aplaudamos al líder político local que se sacrifica, la disputa entre Obama y Chávez por ganar el campeonato mundial del buen samaritano.

No sé por qué los reporteros ecuatorianos abordan el avión del Gobierno y van como manada a Puerto Príncipe, muchos de ellos sin conocer previamente la historia de un pueblo heroico que, junto con Quito, fue la luz para la independencia americana.

 No sé para qué van los reporteros de TV, seguramente para enviar o traer imágenes en las cuales habrá drama, dolor, llantos, close up de niños hambrientos, notas sobre rescatistas, informes acerca de lo extraordinariamente solidarios que somos los ecuatorianos, pero, sobre todo, tomas en las principalmente se vea, por favor, no se olviden, el logo del canal para jactarnos de que estuvimos allí.

No sé por qué los medios compiten, así como Obama, así como Chávez, por ganar el primer lugar en iniciativas (e influir sobre todos nosotros), en quién es capaz de recolectar más ayuda, en quién es más pilas para contactar con las dadivosas empresas privadas y públicas que desinteresadamente dan su aporte a la causa.

No sé cuánto tiempo nos durará el entusiasmo periodístico para convertir a Haití en la nota de apertura, en el tema de fondo, en la historia lacrimógena, en el sonido ambiental, la música triste para provocar emociones, las imágenes impactantes, los relatos sobre los héroes silenciosos que nunca faltan.

No sé cuál es es límite moral de nuestro trabajo en relación a la tragedia haitiana. ¿Realmente cubrimos y nos preocupamos porque, como diría César Vallejo, “nada de lo humano me es ajeno”? ¿O le damos especial atención porque es un tema que, seguro, “vende”?

Me duele el Haití. Me duele que durante mucho tiempo, años quizás, nunca apareció una mínima nota sobre este país en los medios privados, públicos, burgueses, socialistas, gubermentales…

¿Solamente nos importa cuando ya casi no tiene sentido que nos importe? ¿Haití es solamente historias de dolor y tragedias humanas? ¿No hay alegría, literatura, música, creatividad, inteligencia, folklor, pensamiento, amor, danza, sexo, fútbol, historia, tradiciones? ¿Haití solo existe para que los políticos de turno nos lleven al borde del abismo y desde allí nos hagan mirar Haití en el horizonte como el destino al que no quisiéramos llegar?

Cuando pase el temblor, como diría Soda Estéreo, ¿seguirá Haití en la agenda de los medios? ¿seguiremos pensando en qué podremos hacer para que nuestros hermanos haitianos vivan con dignidad? ¿haremos algo importante por ellos, más allá de enviar latas de atún y pintas de sangre como si fuera nuestro máximo sacrificio? ¿Seremos capaces de entender que Haití está a un paso de nosotros, que Haití somos nosotros, y que si Haití es infeliz por los sucesivos terremotos políticos, ecológicos, económicos, por los terremotos del olvido, nosotros no tendremos derecho a sonreír?

 

 
   

 

 
 

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