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En la
misma piedra
Por Rubén
Darío Buitrón
Cuando
sentimos el peso y el dolor de la tragedia que representan las lluvias está
claro que no solo somos un país con el mayor índice de corrupción en el mundo
sino, también, con el mayor índice de analfabetismo funcional para aprender las
lecciones de la historia.
Hace una
década ya lo vivimos. Miles de hectáreas anegadas. Extensas zonas de arroz,
cacao, banano, camarón bajo el agua. Carreteras de la Sierra destrozadas y
bloqueadas. Las ciudades costeras se afectaron gravemente. Decenas de barrios
de Guayaquil se inundaron. La Defensa Civil fue incapaz de prestar atención
digna a los damnificados. Miles de ecuatorianos lo perdieron todo.
Diez años
después termina la larga noche neoliberal y empieza la (no sé si larga)
madrugada del socialismo del siglo XXI con la misma negligencia, imprevisión,
insensibilidad burocrática, indiferencia con campesinos y finqueros,
quemimportismo con los marginales que no suman en las encuestas electorales o
que no tiene mecanismos de presión para arrinconar al poder.
Mi abuelo,
que no creía en los políticos, solía repetir que el hombre es el único animal
que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo, adolescente, pensaba que era
otro lugar común de quienes que no fueron capaces de cambiar el país y se
escudaban en el escepticismo.
Ahora le doy
la razón. La tragedia que vive el país muestra que ni el neoliberal (ismo) ni
el corre (ísmo) son capaces de asumir con previsión, liderazgo y sensibilidad
social los grandes problemas nacionales que -recordémoslo por favor- son estos,
no los concursos de improperios y perversas jugadas de ajedrez entre líderes
pelucones y revolucionarios.
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