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El
silencio del Presidente
Por Rubén Darío
Buitrón
¿Cómo se
enteró hace 20 años el estudiante universitario Rafael Correa que
desaparecieron los hermanos Santiago y Andrés Restrepo?
¿En dónde
estaba entonces? ¿Qué temas lo obsesionaban? ¿Luchaba en las aulas
universitarias contra “la larga noche neoliberal”? ¿Salió a las calles a
protestar por lo ocurrido con aquellos dos niños?
¿Revisaba
periódicos, escuchaba radios, leía Vistazo, veía noticiarios de televisión?
¿Habrá leído
el libro de la periodista Mariana Neira sobre el caso?
¿Tendrá la
información suficiente para entender el papel que cumplió la prensa para
destapar uno de los hechos más conmovedores y crueles de los últimos treinta
años de democracia?
¿Llegó a
conocer, si todavía estaba en el país, la profundidad, los entretejidos y los
alcances sociales y jurídicos que de a poco iba alcanzando el terrible crimen
contra dos inocentes?
Dos décadas
después, ¿qué pensó este martes 8 de enero el ahora presidente dela República
mientras abrazaba a Pedro Restrepo, padre de los niños asesinados?
¿Le
interesaba que los ecuatorianos viéramos la imagen de un Jefe de Estado
solidario y fraterno en las fotos, en las tomas y en las informaciones de
prensa a las que él tanto suele despreciar?
¿Habrá
medido, hace veinte años o ahora, cuánto riesgo implicó para los reporteros
investigar el caso y cuál fue el rol decisivo que la prensa cumplió para que se
revelaran los detalles de semejante atentado a los derechos humanos?
¿Se haría
alguna idea, mientras pronunciaba su discurso radical en la Plaza Grande, de
cuántas amenazas recibimos en aquellos tiempos los reporteros para que no
publicáramos lo que lográbamos saber gracias a nuestra tenacidad y a nuestro
compromiso por acercarnos a la verdad?
¿Pensaría,
mientras imaginaba los aplausos que vendrían después de parte de sus
seguidores, cuánto debimos luchar los periodistas para que la institucionalidad
policial y el poder político, tras intensos años de un trabajo responsable y
dedicado, se quitaran la máscara y confesaran el crimen?
¿Habrá tenido
tiempo de dimensionar cuánta dedicación pusimos los periodistas para develar
los secretos, mentiras y escenarios armados por la Policía para engañar al país
haciéndonos creer que "solo fue un accidente"?
¿Habrá
aceptado, en su interior, que en el Ecuador sí existe un periodismo valiente,
confrontador, profundo, decidido a informar todo lo que debe informar sin temor
a la censura, las advertencias y hasta el propio miedo que los periodistas
sentimos cuando asumimos el riesgo de lo que implica contar lo que tenemos que
contar?
Me asalta una
terrible duda: si hubo esa reflexión del Presidente mientras abrazaba a Pedro,
si lo escuchó decir que el caso Restrepo no hubiera conmocionado al país sin la
presión y el esfuerzo ético de los periodistas para que actuara la justicia y
condenara a los culpables, ¿por qué se mantuvo en silencio cuando en la Plaza
Grande algunos correístas, siguiendo el libreto de su jefe, insultaban y
agredían a los periodistas?
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