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Los medios en un año
decisivo
Rubén Darío Buitrón
Ha empezado
un año difícil, complejo, duro.
En el 2008 el
país vivirá intensos sobresaltos y tensiones.
La política
se definirá en ciudades, calles, plazas, avenidas, carreteras.
El
oficialismo y la oposición intentarán mostrar a los ecuatorianos quién tiene
más legitimidad, quién tiene más base social, quién tiene mayor capacidad de
movilización.
De ahí se
derivará la disputa definitiva cuando el correísmo y la partidocracia, por
llamarlas así, medirán su peso en los dos sufragios que se avecinan: la
ratificación o el rechazo al texto constitucional y la elección de autoridades
nacionales y seccionales.
En esos
entornos será definitivo el rol de los medios. Pero, ojo, definitivo para los
propios medios.
Hay que ser
claros: en lo mediático no está en juego el futuro del país sino el futuro de
la misma prensa, pues, aunque seamos una de las obsesiones presidenciales, por
muchas variables el destino de los ecuatorianos ya no depende de lo que
publiquemos o no.
Está
comprobado que al margen de las posiciones de la prensa la gente toma sus
caminos, reflexiona y resuelve por donde quiere que transite el país político
(basta ver los resultados electorales de los últimos seis años).
¿Por qué?
Quizás subestimamos la capacidad del ciudadano para entender los procesos
sociales. Quizás minimizamos la fuerza del sentido común, la intuición y hasta
las corazonadas. Quizás a la prensa y a los periodistas nos hace falta, cada
vez de manera más urgente, aprender a leer los momentos y saber contarlos.
Más allá del
síndrome Correa, el peligro es que si no despertamos, si no hacemos conciencia
de que cometemos errores y ligerezas, si no cambiamos -no porque el Presidente
nos acusa o difama, sino porque la sociedad nos lo demanda-, quedemos fuera de
un proceso histórico crucial.
El peligro es
que por falta de sensibilidad, apertura, olfato, percepción, análisis
equilibrado de la realidad, la gente común (no el poder) empiece a buscar sus
maneras de informarse, de entender, de asumir, de aprehender, de decidir. Y
deje de confiar en nosotros.
¿Qué es lo
que se viene? Veamos dos escenarios.
Uno:
reafirmarnos como actores políticos de oposición, seguir llenando el vacío de
la partidocracia, usar más adjetivos calificativos que razones, regalar
espacios a opiniones interesadas y cerrarnos a los hechos, sacrificar nuestra
credibilidad en defensa de nuestros prejuicios ideológicos o particulares.
Dos:
acercarnos a la gente común, compartir su cotidianidad, mirar al poder (a todo
el poder) desde la rendición de cuentas pero con el menor apasionamiento
posible, convertirnos en lugar de encuentro de los ecuatorianos y no en campo
de batalla regional o ideológico.
Por eso este
año será decisivo para la prensa. No por lo que los periodistas pensamos que es
la realidad, sino por la propia realidad.
La
alternativa es caminar junto a la gente y contar la vida desde ella. O ir
detrás, a ciegas, sin entenderla. Ahí está el detalle.
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