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rubendariobuitron@yahoo.com
Perversidades e ingenuidades
Rubén
Darío Buitrón
En los medios
ecuatorianos se ha puesto de moda entrevistar al presidente Álvaro Uribe.
No está mal:
los manuales básicos de ética periodística obligan a exponer los diversos
puntos de vista alrededor del hecho que se cuenta.
Pero
entrevistar sin cuestionar no es entrevistar: es convertir el espacio en caja
de resonancia de la fuente, es dejar que el personaje consolide su versión del
tema, es asumir que ese punto de vista es el que tiene la razón.
La mayoría de
medios y periodistas locales que han dado tribuna a Uribe han confundido
respeto con reverencia, equilibrio con sumisión, objetividad con silencio,
exclusivismo con pasividad.
Por ese
trabajo deficiente, los asesores del Palacio de Nariño han logrado su objetivo:
posicionar en la opinión ecuatoriana “la razón de Estado” para atacar nuestro
territorio y crear en el imaginario nacional la imagen de un Uribe fraterno,
simpático, tolerante y de puertas abiertas.
Y lo han
hecho con la ayuda no del periodismo colombiano, tan alineado con su gobierno,
sino de una parte de la prensa ecuatoriana.
Pero no es la
única fisura por la cual se intenta golpear la tesis ecuatoriana. Periódicos
nacionales se apoyan en supuestos golpes o primicias de la prensa
internacional, relacionadas con la crisis diplomática Ecuador-Colombia.
Parecería que
muy pronto olvidaron los recientes episodios protagonizados por los diarios El
País de Madrid o El Tiempo de Bogotá, donde fue evidente la falta de rigor
periodístico y, quizá, la voluntad de hacernos daño.
No es hacer
periodismo citar textualmente y en grandes titulares, sin filtro crítico, las
presuntas denuncias de diarios norteamericanos vinculados a sectores políticos
y económicos claramente identificados.
Y, más que
eso, resulta poco profesional abandonar la responsabilidad y dejar que los
espacios propios los ocupen especulaciones disfrazadas de periodismo bajo el
paraguas de periódicos mundialmente prestigiosos.
Sin embargo,
el problema no es de ellos sino nuestro. Hemos sido nosotros, los medios
locales, quienes tomamos la decisión de copiar esas presuntas informaciones y
darles despliegue y credibilidad sin percatarnos que son versiones no
verificadas, no comprobadas, no contrastadas con la otra parte, no respaldadas
con documentos y manejadas a lo fácil: con “fuentes que prefirieron el
anonimato” o “muy confiables”. ¿No fue eso lo que, en su momento, lamentamos de
diario El Tiempo de Bogotá o a El País de Madrid? ¿Será que nos falta sentido
autocrítico y prudencia para entusiasmarnos con lo que afuera se dice de
nosotros?
Tampoco es
periodismo reproducir, como hacen algunos canales, notas sensacionalistas
contra Ecuador, emitidas por RCN y Caracol TV. Por algo el periodista y ex
canciller colombiano Rodrigo Pardo califica a estos medios como “funcionales al
gobierno de Uribe”.
Entre los
diez pecados del periodismo hay dos que son mortales: la perversidad y la
ingenuidad.
Estamos
sembrando el camino al infierno.
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