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rubendariobuitron@yahoo.com
¿Investigar a quién?
Por Rubén Darío Buitrón
Se equivocan
el presidente de la República y sus ministros cuando amenazan, bajo el riesgo
de ser apresurados, injustos y abusivos, con investigar a los periodistas que
publiquen o hubieran publicado detalles “no oficiales” del tema FARC en nuestro
país.
Irónicamente,
las amenazas ocurren pocos días después de que, tras 14 meses de campaña del
Primer Mandatario contra los medios, sin distinguir ni matizar, dejó su
discurso descalificador y pidió ayuda cuando se dio cuenta de que necesitaba a
la prensa más que a su repetitiva herramienta de comunicación basada en cuñas
publicitarias y espacios gratuitos mal utilizados.
En el
conflicto con el Perú los medios realizaron un excepcional trabajo porque hubo
periodistas que enfrentaron la crisis de manera serena y precisa. El gobierno
de entonces tuvo un acierto: convocar a un equipo de comunicadores
independientes que impulsen estrategias informativas pluralistas y pedagógicas.
Así de simple.
Hoy, en medio
de la confusión del régimen frente a su incapacidad mediática para afrontar la
crisis con Colombia, los funcionarios vuelven a la carga: el recién estrenado
Alfredo Vera, miembro de la partidocracia que tanto dice combatir el
Presidente, y el ministro de Defensa dejan entrever que pudiera ser “un delito
contra la Patria” publicar hechos que la prensa considera relevantes.
El país
mediático no se divide en patriotas y antipatriotas. Se divide -en tiempos de
altisonancias y cacería de brujas- en periodistas independientes, periodistas
que se sirven del escándalo para atacar al Presidente y periodistas funcionales
y patrioteros.
Los
independientes van más allá de la información oficial, dudan de las confusas
contradicciones oficiales, intentan llegar a la verdad e investigan los
entretelones de un caso que atañe a los ecuatorianos y a la credibilidad
nacional en las instituciones estratégicas.
Los
periodistas anti-Correa buscan cualquier indicio para golpear al Gobierno y
mostrar su supuesta relación con lo que llaman el “eje Correa-Chávez”.
Los
patrioteros caminan con antorchas encendidas y bandera tricolor alrededor de su
cuerpo y hacen declaraciones que al día siguiente les toca precisar o
desmentir.
¿En qué
quedamos? Hace un mes, el ministro Gustavo Larrea invocaba “el profesionalismo
de la prensa ecuatoriana” con el fin de “luchar juntos contra la campaña
mediática internacional para desprestigiar al Gobierno”. No era necesario: la
mayoría de medios, cumpliendo su deber con sus audiencias, ya estaba
informando, documentando y abriendo espacios de reflexión sobre el ataque, sus
consecuencias y entretelones.
Así que si
algo tendría que investigar el Gobierno, por su propia reputación y por la
confianza que una mayoría de ecuatorianos aún tiene en él, son los enredos y
desconciertos de funcionarios incapaces de valorar el pluralismo mediático que
cumple su rol social y profesional de manera mucho más responsable que un
régimen que aún no entiende qué es comunicar.
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