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El espectador
Rubén Darío Buitrón
¿Cuál es el
criterio de los noticiarios de televisión cuando en la sección de Farándula
aparece una nota de pocos segundos en la que el cantautor cubano Silvio
Rodríguez opina sobre la transición del poder en la isla?
¿Cómo se arma
la pauta para que la reflexión política de un importante artista y poeta del
continente se convierta en una información tan fugaz como el paseo de las
candidatas a Miss Ecuador por las provincias mientras cuidan la línea?
Es difícil
comprender cuáles son los criterios para que un noticiero se vuelva un
espectáculo superficial y vacío de contextualización sobre los hechos que el
mismo noticiero pone en la agenda, como la extracción de un quiste a la súper
modelo Noami Campbell, mientras se omiten importantes noticias culturales
-entre ellas el premio Alfaguara de Novela al escritor Antonio Orlando
Rodríguez o el por qué de la vigencia de un personaje mítico como Harry Potter
en una sociedad pragmática y acelerada.
Al final, al
público le queda una mezcla de percepciones, incertidumbres, sensaciones,
intuiciones, indignaciones y confusiones. Mezcla que no logra digerir porque
inmediatamente viene la telenovela de moda o porque la barrera invisible que le
ponemos para comprender los hechos lo hace un ser pasivo, reactivo e incapaz de
entender su rol humano y ciudadano.
Esa condición
de espectador (alguien que mira un objeto o asiste a un espectáculo, según la
Real Academia Española) no deliberante lo vuelve víctima de un fulgurante juego
de imágenes, escenarios y retazos de testimonios que lo impactan pero no lo
involucran para que decida actuar.
Y no son solo
los noticiarios. Si el televidente hace zapping verá otra realidad segmentada:
el fútbol. Cae el poderoso equipo guayaquileño Barcelona a manos del modesto
Espoli. Termina el partido. Los narradores se despiden. Dan paso al siguiente
programa. No hay tiempo para dar luces a los desconcertados hinchas que
necesitan saber qué pasa con el club, por qué pese a la inversión de 10
millones de dólares el equipo no camina.
Es un
periodismo de mucho vértigo y poca reflexión. Sabemos que todo hecho relevante
tiene antecedentes y consecuentes, pero olvidamos este principio básico y
contamos los acontecimientos de manera inconexa y aislada, no como parte de un
proceso.
Ejemplos: la
secuela de las inundaciones por los años de imprevisión y negligencia, la
crisis en la selección nacional por el polémico manejo de la Federación
Ecuatoriana de Fútbol, la información cultural que se queda en lo fashion de
los premios Oscar y no nos habla de los méritos estéticos de los ganadores.
Teóricamente,
la función de la prensa es construir ciudadanía entregando a la sociedad
elementos de juicio para entender la
realidad.
Pero eso dice la teoría, la práctica no: con
razón el investigador Danny Schechter afirma que en el siglo XXI “tenemos más
información pero menos herramientas para la comprensión”.
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