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Periodismo
desconectado
Por Rubén Darío Buitrón
¿Qué tuvo que suceder para
que los medios de comunicación se sensibilizaran con la situación de miles de
pasajeros de las compañías aéreas en el Ecuador?
¿Qué ha tenido que ocurrir
para que los medios se enteraran de que miles de personas han vivido angustia,
desamparo, indiferencia y quemimportismo durante más de un mes y medio en el
aeropuerto de Quito?
¿Por qué cada vez es mayor
la sensación de que los periodistas y los medios vamos uno o dos pasos atrás de
la vida de la gente común, que no la entendemos, que no nos conectamos con
ella?
Me hago estas preguntas
desde la más honesta autocrítica a nuestro ejercicio profesional.
Me las hago desde el
cuestionamiento más profundo a nuestra incapacidad de percibir lo que ocurre en
la realidad, en el entorno, en la vida cotidiana, en las calles, en las
estaciones de buses, en los taxis, en los hospitales, en los aeropuertos, en
las escuelas, en los barrios, en los lugares donde fluye, estalla y se
estremece la vida simple y sencilla.
Me las hago desde la
urgente necesidad de repensar la manera en que estamos haciendo el periodismo.
Por ejemplo, criticamos al
poder político pero hacemos el periodismo político que a ese poder le interesa:
sobredimensionamos sus decisiones, los volvemos protagonistas de los espacios
mediáticos más importantes, buscamos sus opiniones como si fueran oráculos. Y
ahí nos quedamos.
No propongo dejar de hacer
periodismo político. Al contrario: estoy convencido de que al poder político
hay que exigirle, desde la sociedad y el periodismo, rendición de cuentas.
Una rendición de cuentas,
sin embargo, inteligente y puntual desde el cuestionamiento, desde el análisis
documentado, desde la contextualización, desde los cómos y los porqués, no
desde el registro simple, desde la declaracionitis o desde percepciones basadas
en lo que a mí o a usted "no nos gusta".
Pero el periodismo
contemporáneo y el periodismo del futuro tienen otros ejes, otros desafíos.
Sobre todo, los de contar historias, poner en escena las necesidades, las
alegrías, las vivencias humanas que ocurren más allá (y más acá) de la
política, la macroeconomía, las noticias sin condumio.
Ahora, como en el caso del
aeropuerto de Quito y sus miles de dramas que los medios ignoramos, ¿tenemos
los periodistas que vivir por nosotros mismos las experiencias para poder
contarlas? ¿Y si alguien nos las cuenta?
Existen muchas maneras de
hacer periodismo de la gente común. No pienso que existan recetas pero, si se
intenta una, es agudizar la sensibilidad.
Los periodistas tenemos la
obligación de caminar, sentir, escuchar, percibir, sintonizarnos, captar en qué
anda la gente.
¿Otra fórmula? Salir a las
calles, mirar, conversar, preguntar. Sobre todo, preguntar. Acercarnos sin
prejuicios, tender puentes, conectarnos.
Preguntar. Preguntar mucho.
Quitarse la corbata, dejar el escritorio, salir al mundo con ojos limpios y
curiosos, mirar la realidad más allá de lo aparente. Hagámoslo. No es tan
difícil.
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